Critica Diario ARGENTINISCHES TAGEBLATT

ARGENTINISCHES TAGEBLATT3 Dezember 2006 - 116.Jahrgang Nr.31. “Del Otro Lado del Mar” – ein Theatererlebnis der anderen Art Buenos Aires (AT/SF) – Die etwa einstündige Vorlührung des Stücks “Del Otro Lado del Mar” sprengt jede bislang bekannte Theatererfahruag. Schon in der “Vorhölle”, während man darauf wartet, dass der Saal freigcgeben wird, breitet sich eine seltsame Atmosphare der Erwartung aus. Man betritt dann eine mit einer Art Weihrauch gefüllte, hobe Kathedrale, und vergisst sehr schnell, dass man auf einer Bank einer Bühne gegenüber sitzt.Viclmehr befindet man sich auf gewisse Weise mitten im Raum, oder vielmehr: inmitten einer eher religiösen als theatralischen Erfahrung. Einen Ploteiner Erzählstrang, besitzt “Del otro lado del mar” nicht. Aus dem Nebel erscheinen willkürlich aneinandergereihte Szenen – die sich manchmal wiederholen und so ihre Wirkung verstärken -, deren visuelle Gestaltung so eindrücklich ist, dass sie selbst ein noch so gekonnt montiertes Kinoerlebnis in den Schatten stellen. Die Beziehung Frau-Mann, Unterwerfung und Ekstase, die Verstobung aus dem Paradies, Kampf, Brudermord, Krieg, die Sehnsucht zu fliegen, frei zu sein, werden nicht als erzählte Szenen, sondern als Gefühlswelten, als Beschreibungen menschlicher Ur-Zustände evoziert.“Del otro lado del mar” verbindet auf einzigartige Weise Theater, Tanz, Performance und Videokunst und überschreitet zugleich die Grenzen bekannter Kategorien, um direct die Sinne des Betrachters anzusprechen. Dieses experimentelle, höchst interessante Theatererlebnis, dessen Idee, Drehbuch und Regie von Ompar Pacheco stamen, kann man nur noch heute um 22 Uhr, und am Dienstang, 6.12., um 20.30 Uhr erleben: im Theater “La Otra Orilla”, Gral.Urquiza 124, Cap.Fed. Tel: 4957-5083.
Premios Trinidad Guevara - Diario La Nacion
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DEL OTRO LADO DEL MAR - INFORMACION GENERAL

DEL OTRO LADO DEL MAR / ACTIVIDAD 2007
EN LA ACTUALIDAD EL GRUPO TEATRO LIBRE REALIZA FUNCIONES ESPECIALES PARA GRUPOS DEL ESPECTACULO "DEL OTRO LADO DEL MAR" EN SU SEDE DEL TEATRO LA OTRA ORILLA (URQUIZA 124, CAPITAL FEDERAL) Y PREPARA UNA GIRA POR LA REGION DE CUYO QUE SE INICIAL EL 22 MARZO EN LA CIUDAD DE MENDOZA Y CULMINA EL 28 DE ABRIL CON LA PRESENTACION DE LA OBRA REPRESENTANDO A LA CIUDAD DE BS.AS. EN LA FIESTA NACIONAL DEL TEATRO.
DURANTE EL MES DE MAYO SE PREVEE EL REESTRENO DE SU TERCER TEMPORADA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES Y LA PARTICIPACION EN EL MES DE SEPTIEMBRE EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DEL TEATRO DE BS.AS.
PARA LA RESERVA DE LOCALIDADES O FUNCIONES ESPECIALES COMUNCINARCE AL 4957-5083 / 154-998-3254 o a laotraorillateatro@yahoo.com.ar
Del Otro Lado del Mar habla de la contradicción que habita en el hombre entre sus deseos más genuinos, y las tentaciones a las que es sometido-
Habla de la fidelidad a sus principios. Y de lo más valioso: su lucha, su intento por no claudicar.
Del Otro Lado del Mar es la reafirmación de una poética propia basada en un método de investigación de más de veinte años de vida.
Mi propuesta busca instalar al espectador en un espacio inhabitual, sin definición temporal, para vulnerar su resistencia intelectual y apuntar directamente a la percepción y a sus sentidos.
En esta búsqueda se vincula al cine, en su valoración del campo escénico, construyendo multiplicidad de espacios en tiempos reducidos irreales e inhabituales en el teatro, y en el uso de la fragmentación, el cambio de planos y de ritmos como recursos narrativos.
Se vincula a la danza en la presición de una partitura de acciones, en el desarrollo de las posibilidades del cuerpo como núcleo escénico y en su descomposición para resignificarlo.
Se vincula al teatro en la esencia de la comunicación, en la construcción de vínculos de relación y en algunas de sus formas narrativas.
Del Otro Lado del Mar es el intento de vuelo como metáfora de libertad, la reivindicación de la utopía, Es el ritual de nuestra estética de lo esencial.
Omar Pacheco
Director del Grupo Teatro Libre
Critica Diario La Nacion
La dura lucha del inconsciente"Del otro lado del mar". Idea, guión y dirección: Omar Pacheco. Elenco: Fernando Blanco, Enrique Lardó, Romina Lugano, Adrián Chait, Micaela Suárez, Guillermo de Blas, Marina Assereto, Silvia Facal, Victoria Pedrozo y María Fernanda González. Música original: Juan Bernabé y Miguel Rausch. Efectos especiales: Florencia Barone y Pablo Abarca. Vestuario: Romina Azzigotti. Producción: Grupo Teatro Libre. En La Otra Orilla, General Urquiza 124. Duración: 50 minutos. El Grupo de Teatro Libre, de Omar Pacheco, ya lleva 23 años de vida en pos de una filosofía teatral y de un estilo que apuesta a una estética única cargada de ideología. Obras como "Sueños y ceremonias", "Cinco puertas", "Memoria" o "Cautiverio" se mantuvieron años en cartel y recorrieron escenarios de distintos continentes. Tras mucho tiempo de no estrenar, el grupo acaba de presentar un trabajo fiel a su estilo: "Del otro lado del mar". El clima comienza desde el momento en que se asciende la escalera a la sala. Olor a incienso y una ambientación de velas, cálida, son un preludio de lo que va a pasar. Adentro, la oscuridad es impactada y profanada por una iluminación precisa, plena y focalizada que diseñó el mismo Pacheco. Allí el espectador se vuelve vulnerable inmediatamente a partir de una sucesión de imágenes surgidas del inconsciente, en una atmósfera onírica, donde la música es esencial no sólo para los climas, sino para los tiempos y contratiempos. La obra tiene pocas palabras; algunas son fonemas más inteligibles que las palabras reales y una poesía desgarradora. Allí, un hombre lucha contra sí mismo a la vez que se ama o se comprende y yuxtapone ese deseo infinito de libertad contra aquel aspecto suyo que claudica y se deja atrapar por lo convencional o lo estipulado. Pero los pliegues y subtextos son muchos y, en esa sucesión de imágenes, se sacuden la religión, la culpa y la sociedad. De todos modos, a diferencia de otras obras del grupo, en ésta la continuidad está más marcada. La puesta no presenta nada vulgar. Pacheco tiene un conocimiento claro de los signos y símbolos que necesita para plasmar su concepto. Y no acude al naturalismo ni a una ruptura caprichosa. Construye su universo onírico y de pesadilla a través de un lenguaje cinematográfico que multiplica espacios e imágenes. Desarticula el tiempo y el espacio de modo tal que desestabiliza al espectador sin dejarle chance de intelectualizar. Su obra sacude los sentidos y deja un abanico de sensaciones indescriptibles. Esto es invalorable ya que, aunque la comprensión del espectáculo no sea acabada, el trabajo de percepción es inevitable y el público deja la sala abrazado por fuertes emociones y sensaciones. Todo esto también se logra mediante una sincronización y una exactitud cronométrica que permite poner una imagen, cambiarla en un segundo y restituirla. Como si hubiese hecho un montaje con una cinta cinematográfica. En "Del otro lado del mar", el grupo logró un manejo preciso de imágenes que permiten efectos de ensoñación, con objetos que parecen flotar o que se acercan y alejan por sí solos. Pero cabe aclarar que no se trata de una obra críptica y limitada sólo a semiólogos o especialistas en arte. El efecto señalado en el público la hace altamente recomendable para cualquier espectador sensible y abierto. Técnica actoral Omar Pacheco trabaja con sus actores un estilo basado en la ruptura de los hábitos y eso los hace contundentes, únicos. No sólo sus miradas y su intención, sino un trabajo físico arduo los hace aptos para este tipo de puesta nada fácil, donde un paso fuera de lugar podría echar a perder la intención. Asimismo, el trabajo corporal está ligado a cierta precisión de la danza. Los actores se apropian del espacio, en los múltiples planos que trazó el director, manipulan su energía, no intelectualizan, descomponen objetos y transitan ese espacio metafórico como si flotaran, como si el peso de sus pasos fuera distinto a la norma. Fernando Blanco, un incondicional del grupo, es el primer actor de este nuevo trabajo y se planta con garra, precisión y un talento abarcativo. El resto del grupo es también exacto y muy bueno en lo interpretativo. "Del otro lado del mar" es una propuesta absolutamente distinta al resto. Vale la pena meterse por unos instantes en este universo que parece sacado de una pintura de El Bosco. Pablo Gorlero
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Entrevista Diario Clarin
TEATRO: ENTREVISTA CON OMAR PACHECHO
Salido de los sueños
El director estrenó "Del otro lado del mar", con su Grupo de Teatro Libre, obra basada en imágenes oníricas.
Después de una inmersión en el teatro musical, primero con Tanguera y actualmente con Nativo, Omar Pacheco regresa con su Grupo de Teatro Libre, creado en 1982, con una nueva obra: Del otro lado del mar. Entre la ansiedad y la obsesión, habla del abanico de furcios crónicos en el engranaje del teatro alternativo: números que no cierran, luces que fallan, esfuerzos y sacrificios del grupo de actores... "Sin embargo había que cerrar un proceso de investigación que llevaba dos años. Ahora hay un concepto: la esperanza en un país como la Argentina".
Del otro lado del mar trabaja las imágenes oníricas como un perpetuo ajuste de cuentas con un presente endeble que para el director "profundiza sus fisuras en cuanto se lo encara desde lo visceral". Lo inconsistente es, a fuerza de la repetición, la materia prima de sus obras. "Mis trabajos surgen de sueños que aparecen en cualquier momento, que luego escribo y que finalmente se acoplan durante los ensayos a un lenguaje teatral". Sueños e imágenes al límite de una estética basada en dejar de lado lo inteligible del texto y basarse en la imagen. Aunque en Del otro lado del mar hay un texto introductorio, el director creó para todos sus trabajos una serie de fonemas que dan cuenta de diferentes situaciones.
Anteriormente en la sala del GTL (Urquiza 154) estrenó la trilogía Memoria (1992), Las cinco puertas (1995) y Cautiverio (2001) cuyo eje era "exorcizar" su pasado generacional con relación al exilio y a los desaparecidos de la última dictadura militar. Pacheco estuvo exiliado en Brasil y Estados Unidos donde dictó, a fines de los setenta, cursos de Teatro en el Departamento de Literatura Hispana y Portuguesa de la Universidad de Yale. "Estaba en un lugar muy conflictivo para mí y sin embargo pude armar un grupo y mantener contacto con varios argentinos", explica.
"Del otro lado del mar" surge de lugares muy oscuros suyos, ¿cuál es el margen para la esperanza dentro ese terreno?
En la obra hay tres personajes: un hombre que se desdobla en dos y que se debate entre sucumbir o no a la tentación del poder. También una mujer que genera símbolos de poder. Lo que el espectador ve es el quiebre de esa persona, la lucha entre ceder o emprender un vuelo propio que logre sortear esa encrucijada. Allí es donde aparece la posibilidad de pensar en algo mejor.
¿Cómo surgió esta obra?
De mi relación con lo clerical como ex alumno del colegio San Antonio, donde fui monaguillo a los seis años. Ese olor a incienso, a encierro, era una simbología del sometimiento.
Su trabajo tiene un eje en la imagen, ¿cuál es el límite de esa estética teatral con lo cinematográfico?
Hice mucho cine, pero a mis obras nunca las pude guionar para hacer, por ejemplo, un video. El teatro me da la presencia, el ritual, la cercanía o la distancia del público. Esa cercanía saca al espectador de un lugar de seguridad y aporta sensaciones que no se logran en el cine.
¿Cómo acopla estas experiencias con su trabajo en los musicales?
Tanto en Tanguera como Nativo puse mi sello: salir de la obviedad, buscar un contenido desde un minimalismo escénico que no caiga en la banalidad. Hay una vuelta de tuerca en el género después de Tanguera. También me sirvió para desmitificar ese lugar del teatro "progre" e independiente donde existe más envidia que solidaridad.
CREADOR EN SU OBRA, PACHECO CREO UNA SERIE DE FONEMAS PARA LAS DIFERENTES SITUACIONES. (Foto: María Eugenia Cerutti)
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Critica Revista Teatros de Bs.As.
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Entrevista Diario Pagina/12
Espectáculos| Jueves, 21 de Abril de 2005
OMAR PACHECO Y EL ESTRENO DE “DEL OTRO LADO DEL MAR”
“Esta vez busco luz y esperanza”
El fundador de Teatro Libre habla de su nueva puesta, en la que cada escena se trabaja de una manera casi pictórica.
Por Cecilia HopkinsDel otro lado del mar se ve en La Otra Orilla, los viernes a las 21 y los sábados a las 22.En 1981, cuando el director Omar Pacheco volvía al país tras un forzoso retiro de escena, fundó en Buenos Aires el Grupo Teatro Libre. Su intención no fue armar un elenco con vistas al montaje de un espectáculo, sino fundar un grupo de actores dedicados a investigar las posibilidades expresivas del entrenamiento físico y vocal, con el objeto de encontrar un lenguaje propio. Luego de estrenar seis obras, el equipo se propuso concretar una trilogía en torno del tema del horror, producto de la represión, desde una estética homogénea. A mediados de 1993 y en consonancia con los códigos del llamado “teatro de imagen” (una tendencia signada por el impacto visual y la casi ausencia de palabras surgida a principios de los ’90), Pacheco y su grupo dieron a conocer Memoria. La segunda obra del tríptico se llamó Cinco puertas (1997) y con Cautiverio (2001) el ciclo parecía haberse cerrado. Sin embargo, luego de una sorprendente incursión en el teatro comercial con los musicales Tanguera y Nativo, ambas aún en cartel, Pacheco acaba de estrenar en su sala La Otra Orilla (Urquiza 124, viernes a las 21 y sábado a las 22) Del otro lado del mar, un espectáculo que retoma las imágenes contundentes, pero también oníricas y evanescentes, que caracterizaron sus anteriores producciones independientes.La marca que distingue a los espectáculos de Pacheco consiste en una rigurosidad formal que puede apreciarse en cada detalle de la representación. Sus soluciones estéticas siempre están emparentadas con la fotografía, tomando como aliado un preciso juego de luces –y sombras– que tiene la facultad de transformar el espacio. Si los espectáculos de la trilogía ponían en escena un conjunto de situaciones de violencia manifiesta sin llegar a hilar una historia capaz de ser puesta en palabras, en Del otro lado... ocurre algo semejante, en la medida en que resulta difícil determinar quién es el protagonista. A modo de síntesis, podría decirse que la personificación de la tentación –acompañada de un sinfín de imágenes que pasan de la religiosidad al sadomasoquismo– tortura a un hombre y su doble hasta que, finalmente, le es dado trasponer los límites dentro de los cuales se encuentra atrapado.
Pacheco empeña todo recurso técnico en la creación de imágenes que, tanto en quietud como en movimiento, mantiene dos cuestiones en común, como ocurría, especialmente, en Cautiverio: la inspiración pictórica y una marcada filiación con el lenguaje cinematográfico. En aquella oportunidad, al igual que en esta ocasión, las fuentes de luz están direccionadas de tal modo que los diferentes niveles de la sala se transforman creando volúmenes inesperados, falseando distancias y perspectivas. Uno y otro espectáculo se construyen por efecto de acumulación: utilizando los apagones totales a modo de separador de escenas, el director va yuxtaponiendo una multitud de cuadros, algunos de ellos, fijos, que duran unos pocos instantes. Al igual que algunas pesadillas que, no obstante su fugacidad, tienen el efecto de perdurar largo tiempo.
–Usted construye sus espectáculos a partir de sus propios sueños. ¿Cuál es el proceso de transformación de ese material?
–En general, en mis sueños retengo impresiones de imágenes muy fuertes que me provocan una serie de signos potentes que luego trato de transferir a la dramaturgia. Pero lo más genuino de la idea se nutre de esa zona de mi inconsciente. Trato de ser fiel a esas primeras impresiones con una estética narrativa que tiene que ver también con la sensación de inmaterialidad del espacio. Se trata de una forma de trabajo que yo vengo desarrollando desde hace muchos años, producto de una investigación constante que, en cada caso, nunca sé cuánto tiempo va a llevarme.
–¿No existen muchos puntos de contacto entre Cautiverio y Del otro lado...en términos de imagen, especialmente?
–Tal vez, sí en la construcción de la idea base. Pero en esta oportunidad traté de buscar luz y esperanza. Es complejo no caer en lo naïf tratando de transmitir que existe una esperanza incipiente. Que de la contradicción que vive el personaje –que se debate entre sucumbir o no a la tentación del poder– se pueda pensar que soñar es algo que todavía es posible.
–¿Por qué la imagen religiosa aparece de un modo tan terminante?
–Lo clerical está muy presente porque está ligado al sometimiento. En estos días veo una movilización en la gente acerca de un tema (la elección del nuevo Papa) que parece que fuera vital para todos, pero que no es más que una parte de la farsa que propone la Iglesia. Y no estoy hablando en contra de la gente que tiene una creencia como metáfora interna, sino de la institución y los mensajes ominosos que elabora el Vaticano. Que golpean en lugares difíciles de combatir, muy ligados al miedo y a la culpa. Yo tuve un pasado de Iglesia, estudié en el colegio San Antonio, fui monaguillo y tuve que pasar por el catecismo para poder jugar a la pelota. Como en todas partes, había gente piola y de allí también guardo recuerdos gratos. Pero creo que lo que viene de arriba siempre genera una culpa extraña.
–Llama la atención que el gozo, lo placentero, no aparezca nunca en sus montajes.
–Es cierto. Tal vez porque gozo con la sensación de que la gente se transforma cuando ve mi trabajo al cambiar su tiempo y espacio habitual. Con el hecho de que le llega un mensaje a una zona no racional. O con crear un marco de belleza para contar algo con profundidad. Habrá que ver, más adelante, si el gozo no aparece en el espectáculo mismo. Pero siento que la realidad es muy adversa y que es muy duro superar la perversidad, el deseo de destrucción, la falta de solidaridad. Creo que, a través de mis personajes, yo exorcizo estos temas.
–¿Cómo fue su paso por la comedia musical, cuáles fueron las contribuciones de su estética al género?
–Fue muy conflictivo para mí, un desafío muy fuerte. Mi propuesta inicial fue hacer una experiencia, sin firmar un contrato. Pero la cosa empezó a funcionar y, finalmente, quedé muy conforme con el producto final. Hasta que se fue transformando por una cuestión de mercado. Para mí, ya cumplió un ciclo. Más allá del cuestionamiento que uno pueda tener acerca del formato del musical, creo que yo pude plantear una estética de ruptura y por ese motivo me siento tranquilo con mi conciencia. Después de Tanguera salieron a ofrecerme unas cuarenta comedias musicales y yo debí aclarar que lo mío es otra cosa. En el caso de Nativo, empecé a trabajar en paralelo con el otro proyecto porque yo estaba haciendo un relevamiento sobre nuestra raza, la usurpación y la conquista. Pero como cambiaron las condiciones me corrí del proyecto.
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Critica Revista Imaginacion Atrapada
“Del otro lado del mar”:
El sueño de los héroes
por Diego Braude jbraude@ciudad.com.ar
Idea, guión y dirección: Omar Pacheco. Elenco: Fernando Blanco, Enrique Lardó, Romina Lugano, Adrián Chait, Micaela Suarez, Guillermo De Blas, Marina Assereto, Silvia Facal, Victoria Pedroso, María Fernanda González. Música Original: Juan Bernabé, Miguel Rausch. Operador de Luces: Carolina Ghigliazza. Operador de Sonido: Hernán Troche. Efectos Especiales: Florencia Barone, Pablo Abarca. Diseño de vestuario: Romina Azzigotti. Fotografía: Antonio Fernández. Diseño Gráfico: Valeria Gramática. Producción: Grupo Teatro Libre. Web: http://www.laotraorillateatro.com.ar. Funciones Viernes 21 hs y sábados 22 hs en Teatro La Otra Orilla, Urquiza 124. Entrada: . Última función 2005: 6 de diciembre. Repone 2006: marzo o abril, fecha a confirmar
Antonín Artaud decía que la obsesión por racionalizar llevando todo al lenguaje era capaz de matar a las palabras y al propio teatro. Decía que, en cambio, era necesario dejar que la obra encontrara su propio lenguaje. Si eso implicaba la palabra, podía ser de un tipo similar al que se encuentra en los sueños... Los sueños son reducibles a conceptualizaciones, pero el efecto original se pierde en esta mediación. Traducir, explicar un texto poético es correrlo de lo poético para transformarlo en otra cosa. La vivencia no puede traducirse en concepto por una cuestión propia de cada proceso.
Este dilema ocurre cuando uno quiere hablar, analizar, si se quiere, “Del otro lado del mar”. Cómo transformar un grito visceral en un texto legible sin que pierda su fuerza original, su capacidad de clavarse en el fondo de nuestra cavidad craneana...
Cierto filósofo del siglo pasado se refería a la capacidad de revelación y ocultamiento simultáneo del arte. La experiencia artística real, según esta visión, nos conecta con algo que está detrás de la obra, algo tan esencial que nos suele ser inaprensible, y que sólo el “disfraz” de la obra lo vuelve visible o, mejor, perceptible. Cada uno podrá describirla de la manera personal que más apropiada le parezca, pero digamos que esencialmente es una profunda experiencia extracotidiana. Esa vivencia temporal, a veces de duración ínfima, es la que la más abarcativa de las filosofías nunca podrá terminar de explicar en palabras.
Entrar en “Del otro lado del mar” es entrar a una obra ritual, es entrar al ducto que conduce a esa vivencia, a esa pura experiencia, y que en este caso se logra sin que uno siquiera deba moverse de la butaca.
Imágenes, cuerpos que nos gritan como arquetipos lejanos que se nos acercan desde otro lado. Como en un sueño, la temporalidad no existe, es propia y sin reglas; como el ritual, la vivencia tiene su propio montaje. Como el sueño, ocurre en un mundo que parece no tener fin, en el que nuestro cuerpo se funde de a poco en la sala.
“Del otro lado del mar” habla de la lucha personal por conquistar los sueños, de los designios morales y las tentaciones con las cuales se debe luchar. El conflicto visceral por no pasar a formar parte de las filas de hombres encadenados. Ser uno mismo, luchar por la propia felicidad, implica jugarse la vida en el intento.
El protagonista se enfrenta una y otra vez a un mundo que se la aparece como oponente en tanto y en cuanto no acepta rendirse a los rituales propuestos. Se desdobla, camina con dos cuerpos simultáneamente por los mismos espacios; el yo paralelo, el yo interno, aquel otro que queremos proteger, o el que preferimos ocultar... Rodeándolo, filas de hombres y mujeres que envuelven, sin rostro, sin destino más que la cinta sin fin de una existencia cotidiana maquinalmente repetida...
Una mujer bella es tentación, es seducción no productora sino destructora. Es la tentación de ser encadenado a los hombres sin rostro, de perder las alas antes de abrirlas. Entre la oscuridad se presenta una y otra vez, incansable, insaciable... el deseo de tocarla se iguala al de huir de ella, de su voz profunda y gutural que llama desde la lengua tan desconocida como familiar que pronuncia en continuo...
Es el ir y venir, lucha y resignación... es el grito, el llanto, el lamento, y la furia, el deseo, la gloria... el ritual nos apropia, nos quita el suelo de debajo de nuestros pies sin movernos de las butacas... nos hace sentir ese espacio infinito entre la oscuridad y la luz, las visiones de los ciegos encadenados a voluntad...
Fragmentar las percepciones en sonoras, visuales y táctiles es partir en pedazos que no suman lo que es una totalidad. El viaje por el que nos lleva la obra es un efecto, que por su origen primal, saltea el raciocinio para ir directo a las tripas. Los niveles de identificación o no corren por cuenta de cada subjetividad, pero es muy difícil salir indemne, y ahí radica su profunda y terrible belleza.
El camino del héroe implica que al final de su camino, más allá de lograr su objetivo (como por ej, salvar a la princesa), haya sido modificado, se haya vuelto más sabio. El momento de dejar la sala (que marca el final del ritual, pero no el final de lo representado) es cuando la obra empieza a operar, sutilmente, sobre cada espectador. El héroe del ritual atraviesa el final narrativo para acompañarnos en nuestro propio trayecto.
www.imaginacionatrapada.com.ar8/07/2005
Critica Revista Mundo Teatral
| Imágenes del vuelo |
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| (Del otro lado del mar) |
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| Omar Pacheco - creador del Grupo Teatro Libre -puede estar más que satisfecho: Del otro lado del mar, su última obra, cumple a rajatablas con los principios de su propia poética: aquella que busca instalar al espectador en un espacio inhabitual, en un tiempo sin tiempo, en una zona en donde los sentidos predominen por sobre la razón. Se nos informa que la obra habla del deseo, de los principios del hombre, de las tentaciones que todo el tiempo lo acechan y lo ponen en crisis. Que la obra habla de las cosas que pasan –tal vez- de este lado del mar. Pero Pacheco –observador agudo y tenaz- preferirá pasar la frontera e instalarse del otro lado del mar: en un espacio desconocido, en un espacio en donde el hombre pueda volar, acaso como metáfora de una libertad y una utopía que no se resigna a perder. Con fuertes imágenes religiosas (tal vez producto de la historia personal del director quien fue alumno y monaguillo del colegio San Antonio) que le otorgan a la obra un aire “clerical” y de claudicación según el propio Pacheco, Del otro lado del mar habla en un idioma propio, de la lucha de opuestos, de las contradicciones humanas, de las debilidades y las fortalezas. Tal vez por eso abunden los espejos con sus duplicaciones, los cuerpos desnudos, mutilados, fragmentados, multiplicados. Nacido en 1983 como resultado de un riguroso y crítico trabajo de investigación actoral que buscó alternativas creadoras para un “hombre nuevo” y un teatro diferente, el Grupo de Teatro Libre (GTL) agrupa a un conjunto de personas que cree que es en los márgenes del sistema en donde podrán nacer estéticas renovadoras. Luego de la trilogía Memoria, Cinco puertas y Cautiverio, centrada en los años del horror por la dictadura y la problemática de los desaparecidos, Del otro lado del mar tal vez su coda, es decir, la posibilidad del sueño luego de la pesadilla, del vuelo, pero esta vez de la vida. Con una iluminación que ocupa el primer lugar y que remite al cine -el lugar por excelencia del sueño- , con un idioma “in entendible” que nos hace apelar a los sentidos más que a lo intelectual, con una partitura gestual, vocal, visual y sonora que refleja una subjetividad, Del otro lado del mar es un ritual que como todo ritual, implica un compromiso. Con la escena, y fuera de ella | |||||||||
Entrevista Diario La Nacion

Pacheco volvió a su origenSe presentará "Del otro lado del mar" en su salaVer "Memoria", "Cinco puertas" o "Cautiverio" podía ser un cimbronazo para cualquier espectador. Cuerpos, imágenes casi cinematográficas, sordidez, un idioma de fonemas y una música dominante eran los componentes de estas piezas que permanecieron en cartel durante muchas temporadas. Esta semiótica donde la imagen es determinante, es producto de la imaginación, la visión y los sueños de Omar Pacheco, uno de los directores más representativos de la escena independiente local. Puso en escena más de veinte obras de diversos autores nacionales y extranjeros y estuvo exiliado en los Estados Unidos y en Brasil durante buena parte del último gobierno militar. Pero a su regreso, en 1982, conformó el Grupo Teatro Libre que hoy continúa y, el viernes, estrenará su último trabajo, "Del otro lado del mar", en La Otra Orilla, la sala que la compañía tiene cerca de la plaza Miserere. Hace dos años, a Pacheco le llegó un ofrecimiento que lo sorprendió. Era del productor Diego Romay, para que dirija nada menos que un musical. En un principio, no le interesó la idea, pero terminó aceptando para ser el artífice de la dirección y puesta en escena de "Tanguera", su primer paso en el teatro comercial y un éxito en distintas partes del mundo. La historia siguió con "Nativo", actualmente en cartel, y se encontró en un mundo de teatro de taquilla que no estaba acostumbrado a frecuentar. De todos modos, mantuvo su fidelidad al teatro "libre" y a sus convicciones. -¿Te lo cuestionaste mucho cuando Diego Romay te llamó? -Sí. Tardé muchísimo en tomar la decisión. Pero era su primera producción y, cuando lo conocí bien, me pareció interesante asumir el riesgo, con todo lo que implicaba. Además, Diego me permitía ir blanqueando la paleta de mis colores. Pensé que no iba a encontrar gente valiosa como Valeria Ambrosio, Ariel Del Mastro o Gerardo Gardelín. –Se creó una suerte de nuevo lenguaje en el musical con “Tanguera” y “Nativo”... –Me gustaría mucho que pudiera ser reconocido así. Una vez, el periodista Jorge Dubatti me dijo: “Si no lo hacés vos, lo va a hacer otro de manera vulgar. Lo importante es que estés en esos lugares”. Y tuve muchas crisis, pero las personas que nombré me impulsaban. –¿Dónde está tu límite no previsible en la avenida Corrientes? –En que le digo que no, por semana, a por lo menos una comedia musical. El límite está entre lo absurdo, lo burdo, lo vulgar. Por ejemplo, no sé si alguna gente de mi grupo ha entendido que haya trabajado en estos musicales. Esperaría que sí, porque lo primero que hice fue decir que iba a hacer la experiencia. –¿Ahí hubo una crisis en el grupo? –Presumo que sí. No sé por dónde pasó, pero presiento que hubo una grieta de la que nunca se habló claramente. –¿Hubo muchos cambios en tu grupo? –Ahora tiene un cambio importante, luego de 22 años. No somos tantos como antes, pero estamos convencidos de una misma manera. Hubo momentos muy duros que siento con mucho dolor, pero seguimos adelante trabajando con nuestras convicciones. –¿Compartís a tus actores con otros grupos? –Tienen toda la libertad del mundo. Hubo una etapa muy cerrada donde casi no había conexión con el exterior y ése era un requisito ineludible. Pero después me di cuenta de que no nos servía. Es enriquecedor que prueben otras cosas y que el acuerdo sea seguir trabajando juntos, sin que sea algo hermético. Un nuevo trabajo Luego del estreno de “Del otro lado del mar”, obra con la que está trabajando desde hace un año, en junio se irá con parte de su grupo a Italia, para una régie. Luego, montará “Larvas”, en Sevilla, con el grupo de Ricardo Iniesta Atalaya; y hará una régie en una iglesia abandonada del sur de España, con 80 personas en escena. –¿El propósito didáctico de tus piezas es una finalidad? –La trilogía (“Memoria”, “Cinco puertas” y “Cautiverio”) fue como una sensación de exorcizar algo ligado a lo político, a mi vida, a mi historia, a mi hija que vive en los Estados Unidos y a mi fuga de acá. Me fui en el 77 porque me rompieron tres veces mi casa y las amenazas ya eran muy concretas. Me empecé a enterar de que mis mejores amigos ya no estaban más... Fueron años muy duros y difíciles. Creo en una ceremonia, una suerte de ritual, donde la gente puede ser modificada físicamente. No tengo ninguna verdad revelada para plantear a los demás. Pero tengo una propuesta metodológica y técnica totalmente clara que puedo discutir con cualquiera. Puedo mostrar a un actor en cualquier lugar que es distinto, por su fe creadora, por su convicción y por su entrenamiento. Pero, aunque esta trilogía era una ofrenda a mis amigos desaparecidos, ya me liberé de eso y ahora mi trabajo tiene que ver con mis sueños, con sentir que soy ese hombre que quiere volar. –Vos trabajás mucho en la representación del inconsciente. –Es que creo que ahí es la cosa, básicamente. Las mejores y las peores cosas aparecen cuando uno no puede justificarse. Yo creo desde un estado de ensoñación, cuando aparecen imágenes y estoy durmiendo. Es un material que no me saldría desde el punto de vista creativo por el esfuerzo intelectual. El punto es cómo llevar eso a escena para que no se convierta en naturalista, en material y vulgar. Tiene que ver con la técnica adquirida del actor y con la construcción del espacio físico. Cualquier texto en español vulgariza la construcción de la secuencia dramática. El conflicto necesita música, entonces trabajo los fonemas. Me nutro de mis sueños y cuando tardo tanto en una producción es porque no se está gestando nada. –Por lo visto en tus obras, también tenés pesadillas... –Absolutamente. De aquellas... A lo mejor estoy pirado, pero en mí hay una coherencia tremenda de vida, que no me permite en la racionalidad entrar en estos niveles de inmaterialidad, de campo onírico. Esta es un espectáculo de una alta calidad estética, pero de muy bajo costo. –¿Qué contás en este espectáculo? –Yo tuve una historia religiosa muy particular. Soy ex alumno y monaguillo del San Antonio. De chico viví todas esas señales y signos que construyen una fantasía patética para un chico, que se mete en una iglesia, con estatuas encerradas, olor a azufre y una persona en un confesionario que te dice que tenés muchas culpas. Hay mucho de clerical en esta obra, que tiene que ver con una sensación de claudicación. Es una lucha de opuestos constante y dos personajes, que en realidad son el mismo, frente a un cáliz. Por Pablo GorleroDe la Redacción de LA NACION
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