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Critica Diario La Nacion

 
Espectáculos
Domingo 17 de Abril de 2005
  
 
 
 
  
 
 
 
Fernando Blanco, al frente del Grupo de Teatro Libre, que dirige Omar Pacheco
 
  

La dura lucha del inconsciente

"Del otro lado del mar". Idea, guión y dirección: Omar Pacheco. Elenco: Fernando Blanco, Enrique Lardó, Romina Lugano, Adrián Chait, Micaela Suárez, Guillermo de Blas, Marina Assereto, Silvia Facal, Victoria Pedrozo y María Fernanda González. Música original: Juan Bernabé y Miguel Rausch. Efectos especiales: Florencia Barone y Pablo Abarca. Vestuario: Romina Azzigotti. Producción: Grupo Teatro Libre. En La Otra Orilla, General Urquiza 124. Duración: 50 minutos. El Grupo de Teatro Libre, de Omar Pacheco, ya lleva 23 años de vida en pos de una filosofía teatral y de un estilo que apuesta a una estética única cargada de ideología. Obras como "Sueños y ceremonias", "Cinco puertas", "Memoria" o "Cautiverio" se mantuvieron años en cartel y recorrieron escenarios de distintos continentes. Tras mucho tiempo de no estrenar, el grupo acaba de presentar un trabajo fiel a su estilo: "Del otro lado del mar". El clima comienza desde el momento en que se asciende la escalera a la sala. Olor a incienso y una ambientación de velas, cálida, son un preludio de lo que va a pasar. Adentro, la oscuridad es impactada y profanada por una iluminación precisa, plena y focalizada que diseñó el mismo Pacheco. Allí el espectador se vuelve vulnerable inmediatamente a partir de una sucesión de imágenes surgidas del inconsciente, en una atmósfera onírica, donde la música es esencial no sólo para los climas, sino para los tiempos y contratiempos. La obra tiene pocas palabras; algunas son fonemas más inteligibles que las palabras reales y una poesía desgarradora. Allí, un hombre lucha contra sí mismo a la vez que se ama o se comprende y yuxtapone ese deseo infinito de libertad contra aquel aspecto suyo que claudica y se deja atrapar por lo convencional o lo estipulado. Pero los pliegues y subtextos son muchos y, en esa sucesión de imágenes, se sacuden la religión, la culpa y la sociedad. De todos modos, a diferencia de otras obras del grupo, en ésta la continuidad está más marcada. La puesta no presenta nada vulgar. Pacheco tiene un conocimiento claro de los signos y símbolos que necesita para plasmar su concepto. Y no acude al naturalismo ni a una ruptura caprichosa. Construye su universo onírico y de pesadilla a través de un lenguaje cinematográfico que multiplica espacios e imágenes. Desarticula el tiempo y el espacio de modo tal que desestabiliza al espectador sin dejarle chance de intelectualizar. Su obra sacude los sentidos y deja un abanico de sensaciones indescriptibles. Esto es invalorable ya que, aunque la comprensión del espectáculo no sea acabada, el trabajo de percepción es inevitable y el público deja la sala abrazado por fuertes emociones y sensaciones. Todo esto también se logra mediante una sincronización y una exactitud cronométrica que permite poner una imagen, cambiarla en un segundo y restituirla. Como si hubiese hecho un montaje con una cinta cinematográfica. En "Del otro lado del mar", el grupo logró un manejo preciso de imágenes que permiten efectos de ensoñación, con objetos que parecen flotar o que se acercan y alejan por sí solos. Pero cabe aclarar que no se trata de una obra críptica y limitada sólo a semiólogos o especialistas en arte. El efecto señalado en el público la hace altamente recomendable para cualquier espectador sensible y abierto. Técnica actoral Omar Pacheco trabaja con sus actores un estilo basado en la ruptura de los hábitos y eso los hace contundentes, únicos. No sólo sus miradas y su intención, sino un trabajo físico arduo los hace aptos para este tipo de puesta nada fácil, donde un paso fuera de lugar podría echar a perder la intención. Asimismo, el trabajo corporal está ligado a cierta precisión de la danza. Los actores se apropian del espacio, en los múltiples planos que trazó el director, manipulan su energía, no intelectualizan, descomponen objetos y transitan ese espacio metafórico como si flotaran, como si el peso de sus pasos fuera distinto a la norma. Fernando Blanco, un incondicional del grupo, es el primer actor de este nuevo trabajo y se planta con garra, precisión y un talento abarcativo. El resto del grupo es también exacto y muy bueno en lo interpretativo. "Del otro lado del mar" es una propuesta absolutamente distinta al resto. Vale la pena meterse por unos instantes en este universo que parece sacado de una pintura de El Bosco. Pablo Gorlero
 
http://www.lanacion.com.ar/entretenimientos/nota.asp?nota_id=696747
LA NACION | 17.04.2005 | Página 8 | Espectáculos
 
 
 
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