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Critica Revista Mundo Teatral

Imágenes del vuelo

 

 

 

 

 

 
 

 Por Silvia Sánchez // Cronista

 

 

  

 

 

 (Del otro lado del mar)

 

 

 

 

 Omar Pacheco - creador del Grupo Teatro Libre -puede estar más que satisfecho: Del otro lado del mar, su última obra, cumple a rajatablas con los principios de su propia poética: aquella que busca instalar al espectador en un espacio inhabitual, en un tiempo sin tiempo, en una zona en donde los sentidos predominen por sobre la razón.
Se nos informa que la obra habla del deseo, de los principios del hombre, de las tentaciones que todo el tiempo lo acechan y lo ponen en crisis. Que la obra habla de las cosas que pasan –tal vez- de este lado del mar.
Pero Pacheco –observador agudo y tenaz- preferirá pasar la frontera e instalarse del otro lado del mar: en un espacio desconocido, en un espacio en donde el hombre pueda volar, acaso como metáfora de una libertad y una utopía que no se resigna a perder. 

Con fuertes imágenes religiosas (tal vez producto de la historia personal del director quien fue alumno y monaguillo del colegio San Antonio) que le otorgan a la obra un aire “clerical” y de claudicación según el propio Pacheco, Del otro lado del mar habla en un idioma propio, de la lucha de opuestos, de las contradicciones humanas, de las debilidades y las fortalezas. Tal vez por eso abunden los espejos con sus duplicaciones, los cuerpos desnudos, mutilados, fragmentados, multiplicados.
Nacido en 1983 como resultado de un riguroso y crítico trabajo de investigación actoral que buscó alternativas creadoras para un “hombre nuevo” y un teatro diferente, el Grupo de Teatro Libre (GTL) agrupa a un conjunto de personas que cree que es en los márgenes del sistema en donde podrán nacer estéticas renovadoras.

Luego de la trilogía Memoria, Cinco puertas y Cautiverio, centrada en los años del horror por la dictadura y la problemática de los desaparecidos, Del otro lado del mar tal vez su coda, es decir, la posibilidad del sueño luego de la pesadilla, del vuelo, pero esta vez de la vida.
Con una iluminación que ocupa el primer lugar y que remite al cine -el lugar por excelencia del sueño- , con un idioma “in entendible” que nos hace apelar a los sentidos más que a lo intelectual, con una partitura gestual, vocal, visual y sonora que refleja una subjetividad, Del otro lado del mar es un ritual que como todo ritual, implica un compromiso. Con la escena, y fuera de ella
 
 
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