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CRITICAS

Critica Diario ARGENTINISCHES TAGEBLATT

Critica Diario ARGENTINISCHES TAGEBLATT

 

ARGENTINISCHES TAGEBLATT3 Dezember 2006   -       116.Jahrgang Nr.31. “Del Otro Lado del Mar” – ein Theatererlebnis der anderen Art Buenos Aires (AT/SF) – Die etwa einstündige Vorlührung des Stücks “Del Otro Lado del Mar” sprengt jede bislang bekannte Theatererfahruag. Schon in der “Vorhölle”, während man darauf wartet, dass der Saal freigcgeben wird, breitet sich eine seltsame Atmosphare der Erwartung aus. Man betritt dann eine mit einer Art Weihrauch gefüllte, hobe Kathedrale, und vergisst sehr schnell, dass man auf einer Bank einer Bühne gegenüber sitzt.Viclmehr befindet man sich auf gewisse Weise mitten im Raum, oder vielmehr: inmitten einer eher religiösen als theatralischen Erfahrung. Einen Ploteiner Erzählstrang, besitzt “Del otro lado del mar” nicht. Aus dem Nebel erscheinen willkürlich aneinandergereihte Szenen – die sich manchmal wiederholen und so ihre Wirkung verstärken -, deren visuelle Gestaltung so eindrücklich ist, dass sie selbst ein noch so gekonnt montiertes Kinoerlebnis in den Schatten stellen. Die Beziehung Frau-Mann, Unterwerfung und Ekstase, die Verstobung aus dem Paradies, Kampf, Brudermord, Krieg, die Sehnsucht zu fliegen, frei zu sein, werden nicht als erzählte Szenen, sondern als Gefühlswelten, als Beschreibungen menschlicher Ur-Zustände evoziert.“Del otro lado del mar” verbindet auf einzigartige Weise Theater, Tanz, Performance und Videokunst und überschreitet zugleich die Grenzen bekannter Kategorien, um direct die Sinne des Betrachters anzusprechen.  Dieses experimentelle, höchst interessante Theatererlebnis, dessen Idee, Drehbuch und Regie von Ompar Pacheco stamen, kann man nur noch heute um 22 Uhr, und am Dienstang, 6.12., um 20.30 Uhr erleben: im Theater “La Otra Orilla”, Gral.Urquiza 124, Cap.Fed. Tel: 4957-5083.      

 

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Critica Revista Mundo Teatral

Imágenes del vuelo

 

 

 

 

 

 
 

 Por Silvia Sánchez // Cronista

 

 

  

 

 

 (Del otro lado del mar)

 

 

 

 

 Omar Pacheco - creador del Grupo Teatro Libre -puede estar más que satisfecho: Del otro lado del mar, su última obra, cumple a rajatablas con los principios de su propia poética: aquella que busca instalar al espectador en un espacio inhabitual, en un tiempo sin tiempo, en una zona en donde los sentidos predominen por sobre la razón.
Se nos informa que la obra habla del deseo, de los principios del hombre, de las tentaciones que todo el tiempo lo acechan y lo ponen en crisis. Que la obra habla de las cosas que pasan –tal vez- de este lado del mar.
Pero Pacheco –observador agudo y tenaz- preferirá pasar la frontera e instalarse del otro lado del mar: en un espacio desconocido, en un espacio en donde el hombre pueda volar, acaso como metáfora de una libertad y una utopía que no se resigna a perder. 

Con fuertes imágenes religiosas (tal vez producto de la historia personal del director quien fue alumno y monaguillo del colegio San Antonio) que le otorgan a la obra un aire “clerical” y de claudicación según el propio Pacheco, Del otro lado del mar habla en un idioma propio, de la lucha de opuestos, de las contradicciones humanas, de las debilidades y las fortalezas. Tal vez por eso abunden los espejos con sus duplicaciones, los cuerpos desnudos, mutilados, fragmentados, multiplicados.
Nacido en 1983 como resultado de un riguroso y crítico trabajo de investigación actoral que buscó alternativas creadoras para un “hombre nuevo” y un teatro diferente, el Grupo de Teatro Libre (GTL) agrupa a un conjunto de personas que cree que es en los márgenes del sistema en donde podrán nacer estéticas renovadoras.

Luego de la trilogía Memoria, Cinco puertas y Cautiverio, centrada en los años del horror por la dictadura y la problemática de los desaparecidos, Del otro lado del mar tal vez su coda, es decir, la posibilidad del sueño luego de la pesadilla, del vuelo, pero esta vez de la vida.
Con una iluminación que ocupa el primer lugar y que remite al cine -el lugar por excelencia del sueño- , con un idioma “in entendible” que nos hace apelar a los sentidos más que a lo intelectual, con una partitura gestual, vocal, visual y sonora que refleja una subjetividad, Del otro lado del mar es un ritual que como todo ritual, implica un compromiso. Con la escena, y fuera de ella
 
 

Critica Revista Imaginacion Atrapada

“Del otro lado del mar”:

 El sueño de los héroes

por Diego Braude jbraude@ciudad.com.ar

 

Idea, guión y dirección: Omar Pacheco. Elenco: Fernando Blanco, Enrique Lardó, Romina Lugano, Adrián Chait, Micaela Suarez, Guillermo De Blas, Marina Assereto, Silvia Facal, Victoria Pedroso, María Fernanda González. Música Original: Juan Bernabé, Miguel Rausch. Operador de Luces: Carolina Ghigliazza. Operador de Sonido: Hernán Troche. Efectos Especiales: Florencia Barone, Pablo Abarca. Diseño de vestuario: Romina Azzigotti. Fotografía: Antonio Fernández. Diseño Gráfico: Valeria Gramática. Producción: Grupo Teatro Libre. Web: http://www.laotraorillateatro.com.ar. Funciones Viernes 21 hs y sábados 22 hs en Teatro La Otra Orilla, Urquiza 124. Entrada: $10. Última función 2005: 6 de diciembre. Repone 2006: marzo o abril, fecha a confirmar

Antonín Artaud decía que la obsesión por racionalizar llevando todo al lenguaje era capaz de matar a las palabras y al propio teatro. Decía que, en cambio, era necesario dejar que la obra encontrara su propio lenguaje. Si eso implicaba la palabra, podía ser de un tipo similar al que se encuentra en los sueños... Los sueños son reducibles a conceptualizaciones, pero el efecto original se pierde en esta mediación. Traducir, explicar un texto poético es correrlo de lo poético para transformarlo en otra cosa. La vivencia no puede traducirse en concepto por una cuestión propia de cada proceso.

Este dilema ocurre cuando uno quiere hablar, analizar, si se quiere, “Del otro lado del mar”. Cómo transformar un grito visceral en un texto legible sin que pierda su fuerza original, su capacidad de clavarse en el fondo de nuestra cavidad craneana...

Cierto filósofo del siglo pasado se refería a la capacidad de revelación y ocultamiento simultáneo del arte. La experiencia artística real, según esta visión, nos conecta con algo que está detrás de la obra, algo tan esencial que nos suele ser inaprensible, y que sólo el “disfraz” de la obra lo vuelve visible o, mejor, perceptible. Cada uno podrá describirla de la manera personal que más apropiada le parezca, pero digamos que esencialmente es una profunda experiencia extracotidiana. Esa vivencia temporal, a veces de duración ínfima, es la que la más abarcativa de las filosofías nunca podrá terminar de explicar en palabras.

Entrar en “Del otro lado del mar” es entrar a una obra ritual, es entrar al ducto que conduce a esa vivencia, a esa pura experiencia, y que en este caso se logra sin que uno siquiera deba moverse de la butaca.

Imágenes, cuerpos que nos gritan como arquetipos lejanos que se nos acercan desde otro lado. Como en un sueño, la temporalidad no existe, es propia y sin reglas; como el ritual, la vivencia tiene su propio montaje. Como el sueño, ocurre en un mundo que parece no tener fin, en el que nuestro cuerpo se funde de a poco en la sala.

“Del otro lado del mar” habla de la lucha personal por conquistar los sueños, de los designios morales y las tentaciones con las cuales se debe luchar. El conflicto visceral por no pasar a formar parte de las filas de hombres encadenados. Ser uno mismo, luchar por la propia felicidad, implica jugarse la vida en el intento.

El protagonista se enfrenta una y otra vez a un mundo que se la aparece como oponente en tanto y en cuanto no acepta rendirse a los rituales propuestos. Se desdobla, camina con dos cuerpos simultáneamente por los mismos espacios; el yo paralelo, el yo interno, aquel otro que queremos proteger, o el que preferimos ocultar... Rodeándolo, filas de hombres y mujeres que envuelven, sin rostro, sin destino más que la cinta sin fin de una existencia cotidiana maquinalmente repetida...

Una mujer bella es tentación, es seducción no productora sino destructora. Es la tentación de ser encadenado a los hombres sin rostro, de perder las alas antes de abrirlas. Entre la oscuridad se presenta una y otra vez, incansable, insaciable... el deseo de tocarla se iguala al de huir de ella, de su voz profunda y gutural que llama desde la lengua tan desconocida como familiar que pronuncia en continuo...

Es el ir y venir, lucha y resignación... es el grito, el llanto, el lamento, y la furia, el deseo, la gloria... el ritual nos apropia, nos quita el suelo de debajo de nuestros pies sin movernos de las butacas... nos hace sentir ese espacio infinito entre la oscuridad y la luz, las visiones de los ciegos encadenados a voluntad...

Fragmentar las percepciones en sonoras, visuales y táctiles es partir en pedazos que no suman lo que es una totalidad. El viaje por el que nos lleva la obra es un efecto, que por su origen primal, saltea el raciocinio para ir directo a las tripas. Los niveles de identificación o no corren por cuenta de cada subjetividad, pero es muy difícil salir indemne, y ahí radica su profunda y terrible belleza.

El camino del héroe implica que al final de su camino, más allá de lograr su objetivo (como por ej, salvar a la princesa), haya sido modificado, se haya vuelto más sabio. El momento de dejar la sala (que marca el final del ritual, pero no el final de lo representado) es cuando la obra empieza a operar, sutilmente, sobre cada espectador. El héroe del ritual atraviesa el final narrativo para acompañarnos en nuestro propio trayecto.

www.imaginacionatrapada.com.ar
8/07/2005
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Critica Revista Teatros de Bs.As.

 

 
Lunes 9 de octubre de 2006 
 
 

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Del otro lado del mar, dirigida por Omar Pacheco
¿Ser uno mismo es pecado?
 

“Sólo quiero ser yo mismo. ¿Por qué ha de resultarme tan difícil?” preguntaba Demián, el adolescente personaje de Herman Hesse. Quizá sea este el punto de partida para ingresar a Del otro lado del mar, el espectáculo presentado por Omar Pacheco.
Empeñado en la creación de un lenguaje teatral basado en imágenes antes que en racionalizaciones - se dirige a los sentidos, por lo que resulta casi imposible de explicar-, Pacheco elaboró una trilogía de gran impacto visual, focalizada en la represión y las desapariciones de la última dictadura: Memoria (1993), Cinco puertas (1997) y Cautiverio (2001). Esta nueva realización apunta a un mensaje más esperanzado, que gira alrededor del deseo y la posibilidad de realizarlo. Para ello, el protagonista deberá luchar ante todo con él mismo - su doble-, con la muerte que vislumbra como castigo si cede a la tentación de avanzar, con las mochilas de culpa, represión y prejuicio que lo habitan desde su infancia y educación. Podrá llegar a volar como un pájaro, pero los dolores del camino no resultan envidiables.
Aunque utiliza algunos recursos de obras anteriores, el conjunto construye situaciones mágicas: agrandamiento de los cuerpos o su aparición-desaparición frente al espectador (falseando distancias y perspectivas), cuadros plásticos que estallan como fogonazos, luz como “desmaterialización” del espacio, verbalización poética - de imágenes, no narrativa- e inentendible, que refiere al mundo onírico antes que al de la vigilia.
Todo confluye en una sensación de irrealidad, con alusiones sadomasoquistas, iconografías cristianas de altares y procesiones, proezas de baile o expresión corporal. Entre Eros, prohibiciones y torturas, construyen una historia para los sentidos.
Los alaridos episódicos forman parte del rito. No así el volumen de la música, que comienza acompañando la extrañeza de lo que se muestra pero, rápidamente, se convierte en insoportable para un oído normal. Salvo este detalle, el resto es de enorme significación, ambigüedad y riqueza. Vale aclarar: sólo para mentes abiertas.

 
 

 

Critica Diario La Nacion

 
Espectáculos
Domingo 17 de Abril de 2005
  
 
 
 
  
 
 
 
Fernando Blanco, al frente del Grupo de Teatro Libre, que dirige Omar Pacheco
 
  

La dura lucha del inconsciente

"Del otro lado del mar". Idea, guión y dirección: Omar Pacheco. Elenco: Fernando Blanco, Enrique Lardó, Romina Lugano, Adrián Chait, Micaela Suárez, Guillermo de Blas, Marina Assereto, Silvia Facal, Victoria Pedrozo y María Fernanda González. Música original: Juan Bernabé y Miguel Rausch. Efectos especiales: Florencia Barone y Pablo Abarca. Vestuario: Romina Azzigotti. Producción: Grupo Teatro Libre. En La Otra Orilla, General Urquiza 124. Duración: 50 minutos. El Grupo de Teatro Libre, de Omar Pacheco, ya lleva 23 años de vida en pos de una filosofía teatral y de un estilo que apuesta a una estética única cargada de ideología. Obras como "Sueños y ceremonias", "Cinco puertas", "Memoria" o "Cautiverio" se mantuvieron años en cartel y recorrieron escenarios de distintos continentes. Tras mucho tiempo de no estrenar, el grupo acaba de presentar un trabajo fiel a su estilo: "Del otro lado del mar". El clima comienza desde el momento en que se asciende la escalera a la sala. Olor a incienso y una ambientación de velas, cálida, son un preludio de lo que va a pasar. Adentro, la oscuridad es impactada y profanada por una iluminación precisa, plena y focalizada que diseñó el mismo Pacheco. Allí el espectador se vuelve vulnerable inmediatamente a partir de una sucesión de imágenes surgidas del inconsciente, en una atmósfera onírica, donde la música es esencial no sólo para los climas, sino para los tiempos y contratiempos. La obra tiene pocas palabras; algunas son fonemas más inteligibles que las palabras reales y una poesía desgarradora. Allí, un hombre lucha contra sí mismo a la vez que se ama o se comprende y yuxtapone ese deseo infinito de libertad contra aquel aspecto suyo que claudica y se deja atrapar por lo convencional o lo estipulado. Pero los pliegues y subtextos son muchos y, en esa sucesión de imágenes, se sacuden la religión, la culpa y la sociedad. De todos modos, a diferencia de otras obras del grupo, en ésta la continuidad está más marcada. La puesta no presenta nada vulgar. Pacheco tiene un conocimiento claro de los signos y símbolos que necesita para plasmar su concepto. Y no acude al naturalismo ni a una ruptura caprichosa. Construye su universo onírico y de pesadilla a través de un lenguaje cinematográfico que multiplica espacios e imágenes. Desarticula el tiempo y el espacio de modo tal que desestabiliza al espectador sin dejarle chance de intelectualizar. Su obra sacude los sentidos y deja un abanico de sensaciones indescriptibles. Esto es invalorable ya que, aunque la comprensión del espectáculo no sea acabada, el trabajo de percepción es inevitable y el público deja la sala abrazado por fuertes emociones y sensaciones. Todo esto también se logra mediante una sincronización y una exactitud cronométrica que permite poner una imagen, cambiarla en un segundo y restituirla. Como si hubiese hecho un montaje con una cinta cinematográfica. En "Del otro lado del mar", el grupo logró un manejo preciso de imágenes que permiten efectos de ensoñación, con objetos que parecen flotar o que se acercan y alejan por sí solos. Pero cabe aclarar que no se trata de una obra críptica y limitada sólo a semiólogos o especialistas en arte. El efecto señalado en el público la hace altamente recomendable para cualquier espectador sensible y abierto. Técnica actoral Omar Pacheco trabaja con sus actores un estilo basado en la ruptura de los hábitos y eso los hace contundentes, únicos. No sólo sus miradas y su intención, sino un trabajo físico arduo los hace aptos para este tipo de puesta nada fácil, donde un paso fuera de lugar podría echar a perder la intención. Asimismo, el trabajo corporal está ligado a cierta precisión de la danza. Los actores se apropian del espacio, en los múltiples planos que trazó el director, manipulan su energía, no intelectualizan, descomponen objetos y transitan ese espacio metafórico como si flotaran, como si el peso de sus pasos fuera distinto a la norma. Fernando Blanco, un incondicional del grupo, es el primer actor de este nuevo trabajo y se planta con garra, precisión y un talento abarcativo. El resto del grupo es también exacto y muy bueno en lo interpretativo. "Del otro lado del mar" es una propuesta absolutamente distinta al resto. Vale la pena meterse por unos instantes en este universo que parece sacado de una pintura de El Bosco. Pablo Gorlero
 
http://www.lanacion.com.ar/entretenimientos/nota.asp?nota_id=696747
LA NACION | 17.04.2005 | Página 8 | Espectáculos
 
 
 
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