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Critica Revista Teatros de Bs.As.

 

 
Lunes 9 de octubre de 2006 
 
 

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Del otro lado del mar, dirigida por Omar Pacheco
¿Ser uno mismo es pecado?
 

“Sólo quiero ser yo mismo. ¿Por qué ha de resultarme tan difícil?” preguntaba Demián, el adolescente personaje de Herman Hesse. Quizá sea este el punto de partida para ingresar a Del otro lado del mar, el espectáculo presentado por Omar Pacheco.
Empeñado en la creación de un lenguaje teatral basado en imágenes antes que en racionalizaciones - se dirige a los sentidos, por lo que resulta casi imposible de explicar-, Pacheco elaboró una trilogía de gran impacto visual, focalizada en la represión y las desapariciones de la última dictadura: Memoria (1993), Cinco puertas (1997) y Cautiverio (2001). Esta nueva realización apunta a un mensaje más esperanzado, que gira alrededor del deseo y la posibilidad de realizarlo. Para ello, el protagonista deberá luchar ante todo con él mismo - su doble-, con la muerte que vislumbra como castigo si cede a la tentación de avanzar, con las mochilas de culpa, represión y prejuicio que lo habitan desde su infancia y educación. Podrá llegar a volar como un pájaro, pero los dolores del camino no resultan envidiables.
Aunque utiliza algunos recursos de obras anteriores, el conjunto construye situaciones mágicas: agrandamiento de los cuerpos o su aparición-desaparición frente al espectador (falseando distancias y perspectivas), cuadros plásticos que estallan como fogonazos, luz como “desmaterialización” del espacio, verbalización poética - de imágenes, no narrativa- e inentendible, que refiere al mundo onírico antes que al de la vigilia.
Todo confluye en una sensación de irrealidad, con alusiones sadomasoquistas, iconografías cristianas de altares y procesiones, proezas de baile o expresión corporal. Entre Eros, prohibiciones y torturas, construyen una historia para los sentidos.
Los alaridos episódicos forman parte del rito. No así el volumen de la música, que comienza acompañando la extrañeza de lo que se muestra pero, rápidamente, se convierte en insoportable para un oído normal. Salvo este detalle, el resto es de enorme significación, ambigüedad y riqueza. Vale aclarar: sólo para mentes abiertas.

 
 

 
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